Esperar. Esta fue la primera lección que aprendí sobre el amor. El día se alarga, haces miles de planes, imaginas todas las conversaciones posibles, prometes cambiar tu comportamiento de ciertas maneras y te sientes cada vez más ansioso hasta que llegue tu ser querido. Pero para entonces, no sabes qué decir. Las horas de espera se han transformado en tensión, la tensión se ha convertido en miedo y el miedo te avergüenza de mostrar afecto
Odio tener que esperar la iniciativa de alguien más, esperar a que le nazca.
El mundo sería más fácil si pudiera ir y decirle «dedicame esta canción, por la chucha».
Esperar. Esta fue la primera lección que aprendí sobre el amor. El día se alarga, haces miles de planes, imaginas todas las conversaciones posibles, prometes cambiar tu comportamiento de ciertas maneras y te sientes cada vez más ansioso hasta que llegue tu ser querido. Pero para entonces, no sabes qué decir. Las horas de espera se han transformado en tensión, la tensión se ha convertido en miedo y el miedo te avergüenza de mostrar afecto
Odio tener que esperar la iniciativa de alguien más, esperar a que le nazca.
El mundo sería más fácil si pudiera ir y decirle «dedicame esta canción, por la chucha».